miércoles, 24 de septiembre de 2008

Las Meninas

Imagen: "Las Meninas", Diego Velázquez (1599 - 1660)



Las Meninas



Las Meninas es la obra más famosa de Velázquez, fue pintada por el genial artista sevillano en 1656. Velázquez aparece con la Cruz de la Orden de Santiago en su pecho, honor que consiguió en 1659. La mayoría de los expertos coinciden en que la cruz fue pintada por el artista cuando recibió la distinción, apuntándose incluso a que fue el propio Felipe IV quien lo hizo. Las opiniones sobre qué pinta Velázquez son muy diversas.

El maestro nos presenta a once personas, todas ellas documentadas, excepto una. La escena está presidida por la infanta Margarita y a su lado se sitúan las meninas María Agustina Sarmiento e Isabel de Velasco. En la izquierda se encuentra Velázquez con sus pinceles, ante un enorme lienzo cuyo bastidor podemos observar. En la derecha se hallan los enanos Mari Bárbola y Nicolasillo Pertusato, este último jugando con un perro de compañía. Tras la infanta observamos a dos personajes más de su pequeña corte: doña Marcela Ulloa y el desconocido guardadamas. Reflejadas en el espejo están las regias efigies de Felipe IV y su segunda esposa, Mariana de Austria. La composición se cierra con la figura del aposentador José Nieto.

Primero, las más sencillas.

Soehner, con bastante acierto, considera que el pintor nos muestra una escena de la corte. La infanta Margarita llega, acompañada de su corte, al taller de Velázquez para ver como éste trabaja. Nada más llegar ha pedido agua, por lo que María Sarmiento le ofrece un búcaro con el que paliar su sed. En ese momento, el rey y la reina entran en la estancia, de ahí que algunos personajes detengan su actividad y saluden a sus majestades, como Isabel de Velasco. Esta idea de tránsito se refuerza con la presencia de la figura del aposentador al fondo, cuya misión era abrir las puertas de palacio a los reyes, vestido con capa pero sin espada ni sombrero. La pequeña infanta estaba mirando a Nicolasillo, pero se percata de la presencia de sus regios padres y mira de reojo hacia fuera del cuadro. Marcela Ulloa no se ha dado cuenta de la llegada de los reyes y continúa hablando con el aposentador, al igual que el enano, que sigue jugando con el perro.

Carl Justi considera que nos encontramos ante una instantánea de la vida en palacio, una fotografía de cómo se vivía en la corte de Felipe IV.

Jonathan Brown piensa que este cuadro fue pintado para remarcar la importancia de la pintura como arte liberal, concretamente como la más noble de las artes. Para ello se basa en la estrecha relación entre el pintor y el monarca, incidiendo en la idea de que el lienzo estaba en el despacho de verano del rey, pieza privada a lo que sólo entraban Felipe IV y sus más directos colaboradores.

Pero el verdadero misterio está en lo que no se ve, en el cuadro que está pintando Velázquez.

En principio, la primera idea es que Velázquez elogia al espectador poniéndolo en el lugar del Rey y la Reina, y retratándolo.

Ángel del Campo afirma que Velázquez hace en su obra una lectura de la continuidad dinástica. Sus dos conclusiones más interesantes son las siguientes: las cabezas de los personajes de la izquierda y las manchas de los cuadros forman un círculo, símbolo de la perfección. En el centro de ese círculo encontramos el espejo con los rostros de los reyes, lo que asimila la monarquía a la perfección. Si unimos las cabezas de los diferentes personajes se forma la estructura de la constelación llamada Corona Borealis, cuya estrella central se denomina Margarita, igual que la infanta. De esta manera, la continuidad de la monarquía está en la persona de Margarita, en aquellos momentos heredera de la corona. Del Campo se basa para apoyar estas teorías en la gran erudición de Velázquez, quien contaba con una de las bibliotecas más importantes de su tiempo.

Michel Foucault quería ilustrar esta tesis: debido a su condicionamiento cultural, Velázquez no pudo ver al mismo tiempo al observador como sujeto y como objeto. Esto es lo que mostraría la tríada producción - cuadro - contemplación del cuadro, es decir, pintor - modelo - obsesrvador, que encarnan los tres aspectos de la representación artística: el modelo aparecía sólo como imagen reflejada en el espejo, el receptor no aparecía en absoluto y el pintor no tendría ningún cuadro (o no se vería). Así pues, Foucault observa algo que Velázquez no puede ver. Abarcando con la mirada ambos lados, Foucault observa observaciones.

Dietrich Schwanitz critica a Foucault: "Hagamos la misma operación con las observaciones de Foucault. Miren un retrato de la infanta Margarita más o menos contemporáneo a Las Meninas. Bien, ¿No les llama nada la atención? Correcto, en un caso la raya del pelo de la joven está a la derecha y en el otro a la izquierda. ¿Está invertido el retrato? Pudiera ser. Pero en realidad esto es más bien lo que ocurre en el cuadro de Velázquez, como ha demostrado un historiador del arte que examinó el espacio que allí se nos muestra. Pero si el cuadro está invertido, entonces Velázquez no está pintanto a la pareja real: lo que pinta es un espejo. El cuadro Las Meninas es el reflejo en el espejo del espacio que vemos y el análisis de Foucault se revela erróneo. Foucault se ha dejado engañar por Velázquez y ha tomado una ilusión por un espacio real. Y ahora nosotros podemos ver lo que Foucault no pudo ver por haber sido víctima de so propio prejuicio sobre el siglo XVII. Pero ¿Qué podemos ver nosotros que no pudo ver Foucault? Vemos la ambigüedad del espejo, que une, paradójicamente, invisibilidad y visibilidad. Nosotros no podemos ver el cristal del espejo, y precisamente por eso, vemos lo que aparece reflejado en él. ¿Qué observamos cuando nos miramos al espejo? Un observador, y su imagen también aparece invertida. "